Descripción del proyecto:
El presente proyecto consiste en una serie fotográfica de siete vaciados en resina que realicé, los cuales tienen forma de huellitas y encapsulan los últimos pelitos que guardé de mi perrita Kiara, estos los obtuve durante las últimas veces que pude cepillarla antes de que falleciera el año pasado.
Las piezas están conformadas por zonas de resina transparente y otras zonas de resina pigmentada con los colores: Amarillo, rosa y morado; estos colores fueron seleccionados porque Kiara era una perrita labrador de pelaje amarillo, y porque en vida tuvo pertenencias en color rosa y morado.
El pelaje de Kiara dentro de las piezas dibuja formas que van desde una bola de pelo (como las que por casi catorce años estuvieron por toda la casa), una “K” de Kiara, y un corazón por lo mucho que la quisimos.
Estas piezas de resina y la serie de fotografías realizadas con las mismas son un homenaje a Kiara, quien para mí y su familia es y siempre será la perrita más bella y preciosa en todo el universo.
Título de la serie: Recuerdo cada pelito tuyo.
Autora: Marjaneh Vargas Barajas.
Técnica: Fotografía.
Dimensiones: 4032 x 3024 px.
Año: 2026.
Título: Recuerdo cada pelito tuyo.
Autora: Marjaneh Vargas Barajas.
Técnica: Videoarte.
Año: 2026.
Carta a mi Kiara:
Llevo tus huellitas en el corazón, y tus pelitos cosidos en mi alma que se quedó con frío cuando tú te fuiste, hasta tus mordidas recuerdo con nostalgia, de aquellas veces en las que te emocionabas por algo que te iba a dar de comer y me mordías la mano, también conservo la cicatriz en el brazo del rasguño que me diste cuando eras una cachorrita y sólo querías jugar a las mordidas conmigo, y me alegro de que la marca ahí se hubiera quedado, ahora incluso más porque me haces falta.
Extraño hablar contigo todo el día, convencida de que tú siempre me entendías, después de todo siempre fuiste muy inteligente, especialmente si se trataba de hacer alguna travesura, como comerte casi toda la bolsa de bolillos, un queso con todo y plástico; romper el mosquitero del patio y hacer un agujero para entrar a la casa; pasar de dormir en tu camita al sillón en cuánto nos subíamos en la noche (claro, volviendo a tu camita sólo si oías a alguien bajar, para así fingir que todo el tiempo estuviste ahí); o las veces en las que te burlabas de mí cuando eras cachorra y no te podía atrapar: Tú corrías más rápido que yo, y si veías que yo me cansaba de perseguirte empezabas a caminar, para luego voltearme a ver como diciéndome “no me atrapas”.
Extraño eso más que nada, porque con el paso de los años, mientras yo conseguía un poco más de condición física, tú comenzaste a correr menos hasta que dejaste de hacerlo, y de pronto un día, mientras caminábamos en el parque, teníamos que tomar varios descansos para ti. Te vi envejecer de golpe, cuando yo quería quedarme contigo para siempre, te vi aguantar de todo y aún me duele todo lo que tuviste que soportar:
Te daban ataques epilépticos desde cachorra, nunca ovidaré cómo te agarrábamos tus manitas para evitar que te rasguñaras la cara en medio de la desesperación que sentías cuando eso ocurría. Te diagnosticaron síndrome de Cushing, nos dijeron que tu ojo derecho quedó ciego, y todavía sufriste una úlcera corneal y luego un queratocono en tu ojo ciego, nunca olvidaré el terror que sentí la vez que tu queratocono se volvió tan grande que se cayó de golpe mientras te ponía tus gotitas, me asusté porque temí que se te fuera a salir el ojo. Y más tarde te sometiste a una cirugía para extraer tu ojito y que te dejara de doler.
Creí que estaríamos juntas para tu cumpleaños en septiembre, en el que te haría un pastelito de avena y plátano como a ti te gustaba; que para Halloween te tejería un gorro de calabaza; que en navidad te volvería a comprar un juguete y a grabar tu reacción al recibirlo; que te diría “feliz año nuevo”.
Pero no llegamos a celebrar tu cumpleaños, ni a hacer todo lo demás, pues de pronto dejaste de caminar, de comer (incluso cosas que te gustaban), de tomar agua, y finalmente la veterinaria dijo que era hora de dejarte descansar.
Cómo me dolió ver que ya estabas demasiado cansada para seguir viviendo, de pronto tu ojito perdió su brillo, tu mirada quedó perdida en la nada, cuando te acariciaba tu pancita ya no agitabas tu cola ni reaccionabas. Y de un día para otro me encontraba acariciando tu pancita sin poder sentir más cómo esta subía y bajaba con tu respiración, y vi tu ojito abierto que ya no me miraba más.
Aún ahora que te fuiste al cielo yo parezco loca, pues hablo contigo todos los días a cada rato cómo si siguieras aquí; aún paso por el pasillo de mascotas en el supermercado, fingiendo que voy a comprarte algo, aunque ya no tenga nadie a quién dárselo; te digo buenos días y buenas noches, aunque ya no te puedo abrazar ni darte un besito en tu cabecita, corto la manzana como te la picaba a ti, y te la ofrezco antes de comer.
Fuiste muy amada, fuiste nuestra princesa hermosa, nuestra adoración, y ahora que lloro mientras escribo esto mi consuelo es que recuperaste tu ojo, ya no estás enferma, ya no te duele nada, te reuniste con tu mamá y con tus hermanitos, y eres feliz, tan feliz como nos hiciste a nosotros.
Te extraño demasiado, y ahora mi único deseo es que nunca olvides lo mucho que te amamos.
